Intoxicación crónica 
 
 
Provocada por intoxicaciones agudas repetidas o excesivas y continuadas consumo de alcohol. La enfermedad dependerá del hábito de beber de cada individuo. 
El beber abundantemente y en forma continuada puede, con el transcurso del tiempo, causar síntomas de necesidad física de beber durante los períodos de abstinencia y un desarrollar la dependencia. Pero esta dependencia física no es, de ninguna manera, la única causa del alcoholismo. 
Estudios sobre las personas con enfermedades crónicas que tuvieron que tomar  medicamentos para el dolor durante tiempo, y potencialmente muy aditivos, han demostrado que una vez que estas personas se deshabitúan, a menudo pierden todo deseo del fármaco  que habían estado tomando.  
Por lo tanto, para desarrollar alcoholismo, otros factores generalmente juegan un rol, muy importante como son la biología y la genética, la cultura, el medio ambiente y la psicología. 
La tolerancia y la depebdencia se acentúan en un enfermo crónico: 
El uso continuo o frecuente induce un tipo especial de tolerancia que se atribuye al aumento de la cantidad y actividad de la enzima corporal encargada de metabolizar el alcohol. El tejido nervioso también se acostumbra de cierta forma a la presencia continua del etanol y el usuario va adaptándose a los cambios inducidos sobre el habla, la visión y el control motor. No obstante, esta adaptación desaparece en cuanto la concentración etílica alcanza niveles suficientes en el fluido sanguíneo (lo que acontece frecuentemente en casos de abuso). 
El consumo inmoderado de alcohol provoca una dependencia física intensa. Cuando a lo largo de varios meses el organismo ha sido acostumbrado a ingerir por lo menos tres litros de cerveza o medio litro de licor fuerte todos los días, la supresión alcohólica puede presentar diversas manifestaciones que van desde ansiedad y temblores, irritabilidad e hiperactividad crecientes, hasta el temible delirium tremens: una psicosis orgánica grave que usualmente se manifiesta entre las 24 y las 72 horas posteriores a la ingestión de la última copa, aunque en ocasiones puede ocurrir hasta 7 o 10 días después. Se caracteriza por confusión mental, temblores, hiperagudeza sensorial, alucinaciones visuales (por lo general de serpientes, arañas o cualquier otro animal), deshidratación, trastornos de la presión sanguínea, convulsiones y anormalidades cardiovasculares. 
 
                                    
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